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Luis Balairón: “El cambio climático exige a los humanos un nuevo modo de actuar con el mundo como lo haríamos en nuestra casa”

 

Luis Balairón, Ex Director del Programa de Atribución y Análisis del Cambio Climático en AEMET, forma parte de la nómina de ponentes del panel de “La salud del planeta” de la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático Change the Change que tendrá lugar del 6 al 8 de marzo de este mismo año en el Kursaal de Donostia-San Sebastián.

Dentro de la conferencia Change the Change (consigue aquí tu entrada), el ámbito de la salud del planeta acoge a la Ciencia como motor del cambio climático: retos, evidencias, respuestas, conocimiento… Será el 6 de marzo cuando veamos todos estos puntos a su vez desde la visión de la meteorología.

Pregunta: El título del panel de la Conferencia Internacional Change the Change, ‘La salud del planeta: ciencia para la acción’ nos revela ya un punto de partida para llevar a cabo la acción climática. ¿Cómo cree que debe hacerse y desde qué ámbitos?

Respuesta: En síntesis, actuando desde todas las instancias públicas, privadas e individuales, desde cada sector económico y desde cada conducta personal. Todas las personas somo responsables de las emisiones de gases de invernadero a lo largo de nuestras vidas: Como especie, como ciudadanos y como individuos.

En la práctica, en lo fundamental, se realiza desde la política de cambio climático de cada país y desde los acuerdos internacionales de Naciones Unidas y, en nuestro caso, desde la Unión Europea. Y desde el ámbito individual, en los cambios de hábitos simples respecto al consumo energético, que es nuestro específico campo de acción directo.

Creo que deberíamos actuar de acuerdo con tres criterios: (1) el mejor conocimiento disponible, (2) la identificación de las fuentes responsables hasta hoy, de la mayor parte de las emisiones de gases de invernadero y sin olvidar (3) los factores “directores” que determinarán las emisiones futuras hasta 2100.

El primero, el mejor conocimiento disponible, se concentra desde 1990 mediante la acción del grupo de expertos mundial de Naciones Unidas, el IPCC. Este garantiza un punto de vista conceptual sólido y permanentemente actualizado, para disponer de la mejor la fundamentación científica, de una estimación de las consecuencias previsibles para cada escenario de cambio, y de la evaluación de resultados de las estrategias de mitigación y de adaptación.

Con esta triple acción. el IPCC da soporte al instrumento jurídico internacional que es la Convención Marco sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, cuyo órgano de decisión es la Conferencia de las Partes.

El segundo, para establecer responsabilidades en cuanto a la mitigación de las emisiones, hace necesario armonizar 3 tipos de políticas para cada fuente de emisión: gas por gas, sector por sector (transporte, agricultura, industria, turismo, …) y país por país. Es seguramente la base de las acciones clave para evitar un calentamiento superior a los 2ºC.

Para la adaptación, distinguimos entre medidas pasivas y medidas activas. Denominamos medidas pasivas a las que se orientan a la formación y la información públicas y son las que facilitan una percepción fundada del problema. Las medidas de adaptación activa son las que reducen los riesgos porque reducen el impacto biofísico y al igual que las de mitigación, precisan ser armonizadas sector por sector y país por país.

Por último, el criterio de pensar cómo serán las emisiones en el futuro, es el más difícil de aplicar y en la práctica se reduce a determinar el ritmo de introducción y las diversas energías renovables, en sustitución de las energías procedentes de combustibles fósiles.

Los factores vinculados a la evolución de la población mundial y de la economía -como la incorporación de la mujer al trabajo, la autonomía para decidir el número de hijos sin imposiciones, la influencia religiosa u otros-, o la aparición de nuevas tecnologías que hoy no vislumbramos, son tratados teóricamente pero no pueden formar parte de los acuerdos negociados.

P: El clima y la meteorología son cuestiones recurrentes para hablar generalmente con desconocimiento sobre el cambio climático y el calentamiento global, especialmente en fechas en las que se producen fenómenos extremos. ¿Cómo ve la relación entre todos ellos?

R: El tiempo meteorológico describe la configuración real de la atmósfera durante un episodio o intervalo temporal corto, de días. El clima describe el estado más característico de la atmósfera en un lugar y período de tiempo largo, mediante valores promedios y extremos de variables como la temperatura, el viento, la precipitación o la humedad. Actualmente, si el lugar es una región planetaria extensa que incluye mares y áreas heladas, incluiremos el nivel y los hielos como variables climáticas de control.

En el tiempo influyen factores constantes, comunes con el clima, geográficos, astronómicos o morfológicos, junto a factores o situaciones aleatorias, fruto del azar. Como las rayas de una cebra, no hay dos mapas exactamente iguales del tiempo.  Sin embargo, las configuraciones climáticas, nos muestran los comportamientos más habituales tanto en valores medios como extremos. El valor medio de la precipitación, por ejemplo, pero también la frecuencia con que se presentan valores extremos de la misma.

En cierto modo se puede comparar el tiempo con nuestro estado de salud personal en un día dado. El clima se parecería más a nuestro estado de salud en un largo período de tiempo y un escenario climático, al que podemos esperar bajo la influencia de un tipo de vida (comida, bebida, deporte, tabaco, edad, …) o de un accidente brusco. Con la diferencia de que ya sabemos por el pasado, como responde la Tierra a las alteraciones en los gases de invernadero. La Tierra acepta como bueno el nivel del mar actual y cualquier otro. Nosotros y algunos ecosistemas, no.

Lo esencial es comprender que el efecto de invernadero no es el problema, sino su intensificación extraordinaria en pocas décadas, hasta que un calentamiento excesivo de lugar a un cambio “de clima”. No a este clima “sobrecalentado” actual, sino a otro clima, con otros casquetes polares, otra circulación oceánica, otras distribuciones de la vegetación.

Intentamos evitar que nuestro clima cambie a otro modo climático. Vivimos en un clima cambiante, que aún no ha cambiado. Queremos evitar que cambie a otro estado diferente e irreversible, con costes de adaptación inasumibles, en términos sociales, económicos, ambientales y de vidas humanas.

Creo que lo más difícil es comprender que alteramos la atmósfera de forma acumulativa, poco a poco, de forma inexorable y que los cambios son diferidos, y los cambios más irreversibles serán intergeneracionales. Si contamino un río, lo percibo casi de inmediato. Por el contrario, el aumento del nivel del mar como respuesta a la fusión de hielos polares continentales será lento.

P: Para ese grupo de la ciudadanía que se muestra escéptica o lejana a actuar en la lucha contra el cambio climático, ¿qué mensaje le trasladaría para la concienciación de este desafío?

R: Diría que la cuestión no es ser o no ser escépticos: “La cuestión primera es ser o no ser responsables ante las consecuencias de un incremento excesivo del efecto de invernadero natural”: consecuencias que se miden en vidas humanas, pérdidas económicas y pérdidas en recursos naturales y ambientales.

En cualquier caso, la cuestión no es “creer o no creer”, porque no estamos ante una creencia. Cabe añadir que se proponen medidas buenas en sí mismas; medidas que introducen sentido común en el consumo de bienes naturales finitos que son patrimonio de la humanidad actual o futura. Bienes que no tenemos derecho a destruir de forma irreversible, como los derivados del aumento del nivel del mar.

Físicamente, el hecho probado es nuestra responsabilidad en el exceso de las concentraciones de gases de invernadero (dióxido de carbono, metano y otros), a partir de nuestras actividades industriales, domésticas, de transporte y agrícolas.

El fundamento teórico se asienta en nuestro conocimiento de las bases físicas del clima, elaboradas en la segunda mitad del siglo XX, mediante procesos intensivos de observación e investigación mundiales de la atmósfera, los océanos, los hielos y la biosfera.

La evaluación de las consecuencias ha utilizado el mejor conocimiento actual sobre evaluación de riesgos y daños, y de costes y beneficios tanto económicos como sociales y ambientales. Los mismos que se utilizan para indemnizar o para sancionar proyectos

Creo que debemos distinguir entre el escepticismo bien intencionado y el escepticismo interesado en que no se adopten las medidas propuestas, que suele ser manipulador en sus formas de expresión. El primero puede nacer de un alejamiento del problema -como sugiere la pregunta- o simplemente de una actitud reacia, muy comprensible, ante anteriores amenazas catastróficas casi siempre fallidas.

En personas muy jóvenes anida por falta de formación o por un deseo de vivir sólo el presente, que ignora cualquier amenaza en su horizonte. En personas de más edad suele ser una manifestación más de su escepticismo vital general.

Una información reflexiva, que incida en la comprensión de que además de individuos, somos especie, somos homo sapiens y por ello “sujeto responsable” de los actos en común. Una responsabilidad común pero diferenciada, sin duda, pero ineludible.

En el caso del escepticismo interesado, que gotea noticias falseadas y una planificada “producción continuada de confusión”, el único mensaje es de la llamada ética a la responsabilidad cívica de quienes colaboran en esa confusión de forma inadvertida.

Elaboran argumentarios descalificados una y otra vez, pero que terminan por entrar en los actuales modos de comunicación populista. Rehuyen el debate público serio contrastado.

Veo con preocupación que la negación se convierta en una marca diferencial electoral y por tanto en un dogma emocional.

No me refiero a la diferencia esperable en cuanto a las políticas que serían  más eficaces y eficientes para afrontarlo: sería como negar que el paro, la fortaleza económica o la mejora en la educación no existen como problemas cruciales para el futuro generacional.

Afortunadamente, en Europa y en España los sectores productivos hace tiempo que han adoptado posiciones coherentes con las políticas nacionales, y no rehúyen su responsabilidad sectorial: su lógica empresarial intenta que el ritmo de las medidas de transición se acople con sus planes de producción y con la amortización de sus inversiones, pero no son sectores que pongan en cuestión la existencia del problema.

P: En este sentido, ¿cómo valora la importancia de trasladar a la ciudadanía la necesidad de actuar y participar en cumbres de calado internacional como Change the Change en relación al cambio climático?

R: Los encuentros como Change to Change son muy importantes si logran:

  • Trasladar la idea de que actuar a tiempo es la clave para impedir un cambio climático irreversible, y hacerlo como si se tratase de un mandato entre generaciones; como si escuchásemos decir a nuestros descendientes: ¿cómo no hicisteis nada, cómo fuisteis tan irresponsables, egoístas y miopes?. Introducir elementos que conformen un pensamiento de responsabilidad intergeneracional global.
  • Tomar conciencia de que tratamos de impedir un gran daño, que exige colaboración entre lo público y lo privado, entre lo global y lo particular, entre los estados y los ciudadanos, entre la investigación teórica y su aplicación práctica.

Indudablemente, algo así, sería un hito en el devenir de la humanidad, pero no estamos ante una utopía irrealizable, porque sabemos lo que debemos hacer y cómo hacerlo, porque tienen un coste asumible y aporta beneficios y futuro para las partes comprometidas.

Exige cambios de actitud e inversiones intensivas, pero productivas y recuperables. Se reclaman porcentajes del PIB mundial en el orden del 1% que presentan dificultades salvables, pero no reclama sacrificios heroicos, ni acuerdos contra-natura.

Exige, en resumen, un nuevo modo de actuar que podría constituir una seña de identidad para los humanos del XXI, con una formulación directa: Actuar con el mundo como lo haríamos en nuestra casa.

P: De su labor y experiencia como director del Programa de Atribución y Análisis del Cambio Climático en AEMET y su participación en grupos de trabajo del IPCC, ¿qué conclusiones extrae de su relación con dichas entidades?

R: En el caso del IPCC, en el que participé en su etapa fundacional, debo señalar su carácter de primera experiencia con éxito de construcción de un sistema de relación a tres bandas entre ciencia teórica, ciencias aplicadas y sociedad. En las ciencias aplicadas incluyo tanto ciencias técnicas, como ciencias sociales y económicas.

De no existir este organismo, la ciencia del clima habría progresado con mucha lentitud, porque una de sus funciones ha sido orientar los planes de investigación, y la inversión en redes y sistemas de observación, para obtener los datos necesarios para confirmar las teorías. Su carácter verdaderamente multi e interdisciplinar ha logrado integrar en las soluciones propuestas a juristas, economistas y políticos. Esto es algo excepcional y debe subrayarse. En el marco de las filosofías del diálogo, es una verdadero “comunidad ideal de pensamiento”. Después sus propuestas chocan con la dura realidad del mundo, pero saber lo que deberíamos y podríamos hacer, no es poco.

En cuanto a la experiencia doméstica, debo destacar la enorme mejora del potencial investigador nacional, con un número de varias decenas de grupos de investigación, en modelización, evaluación, impactos y políticas climáticas. Tanto las inversiones de los planes nacionales del clima, como los de muchas CC.AA. han afianzado estos grupos y las empresas energéticas y ambientales, han creado unidades con expertos en cambio climático, con pocas excepciones.

A pesar de esta mejoría comparativa, que nos sitúa en una situación aceptable, el nivel alcanzado es notablemente mejorable, en cuanto a colaboración entre recursos de investigación públicos y privados, tanto en el plano estatal-nacional como autonómico.

Las conexiones en el plano nacional y en el plano institucional del estado, no han tenido la continuidad, la intensidad y la eliminación de barreras necesarias para una colaboración sectorial plena y efectiva, tanto en mitigación como en adaptación.

En particular, en el plano de la relación I+D+i entre lo público y lo privado, los problemas son los comunes a estas relaciones en otros ámbitos: proyectos perfectamente viables técnicamente, no prosperan por razones de idiosincrasia política nacional o por obstáculos legales que podrían facilitarse con modificaciones de las normas actuales para los intercambios de personal investigador entre administración, empresas y universidades.

P: ¿Por qué cree que parte de la ciudadanía no sopesa que la acción del ser humano es una causa fundamental del cambio climático? ¿Son escasas las políticas de comunicación de este fenómeno por parte de las Administraciones?

R: Las causas del cambio climático tienen un efecto diferido, no inmediato, y los cambios intensos que deseamos evitar, consecuencia de calentamientos superiores a dos o tres y sus efectos, deben imaginarse o extrapolarse a partir de las alteraciones actuales. Muchas mentes humanas no responden bien a lo que no es un daño inmediato, sean premios o castigos, y otras rechazan psicológicamente un pensamiento constante que le amenace con daños futuros catastróficos. En los años 90 se hicieron estudios de este tipo en Holanda.

Es la reacción simétrica a las reacciones milenaristas que encuentran en el cambio climático un ejemplo de que el mundo se acaba, y atribuyen toda alteración ambiental al cambio climático, lo que resulta también dañino para adoptar políticas sensatas porque desacreditan la divulgación seria.

Creo que lo más preocupante hoy, no es la percepción general media, que no es mala según las encuestas de percepción realizadas hasta ahora. Lo paradójico y negativo son las opiniones y actitudes poco responsables de miembros aislados de la comunidad científica con formación cercana, pero ajena en sentido estricto al cambio climático, que aventuran ideas sobre otras causas que no concretan y atraen la atención de los medios, por su singularidad y no por su solvencia.

La política de cambio climático intenta evitar un cambio de clima, no sólo unas alteraciones climáticas dentro del marco de clima actual. La alarma de los años 80 surge para evitar el “paso” de un clima, el actual, a otro distinto consecuencia de la duplicación de concentraciones de gases de invernadero respecto al inicio de la revolución industrial.

Ciertamente se necesita una intensificación de las políticas de comunicación, pero deberíamos replantearnos cómo hacerlas en esta época de fake-news y estrategias planificadas de intoxicación personalizada a través de las nuevas tecnologías. La divulgación convencional tiene un alcance muy limitado en comparación con esas estrategias.

P: ¿Qué cambios radicales en la forma de vida de las personas deberían producirse cuanto antes para la mitigación y adaptación al cambio climático?

R: Las emisiones de gases de invernadero más directas y personales, son las del transporte, el turismo y las domésticas. El resto son indirectas a través de los productos consumidos que han necesitado un coste en energía para su fabricación o cultivo.

Pero los cambios personales radicales no son los que modificarán la situación, salvo la presión que podamos ejercer sobre los gestores de cada país, para facilitar la gestión de la demanda, la mejora del transporte público, y en general la aceleración de la transición energética.

P: En la Península se dan perturbaciones climáticas de diferentes tipos y cada vez son más frecuentes los fenómenos o catástrofes como el de Sant Llorenç. ¿Debe acometerse con celeridad una reformulación de los espacios en las ciudades y entornos rurales para adaptarse a ellos?

R: En algunos casos, así es: La adaptación al cambio climático debe comenzar con medidas de adecuación del dimensionamiento y el diseño de técnicas y medidas de alarma temprana; medidas ante los aumentos en las frecuencias de fenómenos de lluvia, viento, temperaturas anómalas y aumentos en el nivel del mar.

Por ejemplo, la mejora de las vías de evacuación o drenaje de aguas por precipitaciones muy intensas; la eliminación de obstáculos que facilitan las inundaciones; la adaptación de cultivos y mejora de las técnicas en agricultura; serían medidas no siempre costosas y por lo general buenas en sí mismas.

En el caso de las relacionadas con aumentos en el nivel del mar, no son inmediatas pero convendría iniciar los estudios previos recomendados por los expertos.

P: Cuando se producen otros fenómenos como la gota fría, también se pone de manifiesto la relación entre meteorología y cambio climático. ¿Hasta qué punto están interconectados y cuál es la manera más eficaz de realizar una labor pedagógica hacia a la población?

R: Es cierto en parte: Pero esa pedagogía que hace llegar el problema al público medio, es contraproducente para el público más formado que será el encargado de aplicar las soluciones.  Es así, porque los fenómenos extremos no son los mejores indicadores de cambio climático.

Es necesario plantearse el problema de la divulgación con criterios distintos al marketing comercial. Es una carrera de fondo, que exige profundizar en los contenidos y no su repetición superficial. Esto es eficaz para lo inmediato y pasajero, pero no para lo constante y duradero. A mi juicio, es preferible realizar una formación sólida y de la máxima seriedad en los sectores con capacidad de actuación decisoria, que es la de los cuadros medios de la sociedad y la de quienes influyen en lo que denominamos sociedad civil. Es una opinión muy personal, pero nacida de la experiencia de más de dos décadas de comprobar qué funciona y qué no funciona.